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HOSPITAL DE PALABRAS enero 16, 2016

Posted by NITTÚA in : cambio social, consumo responsable, economía solidaria, emprendedor social, INNOVACIÓN SOCIAL, SROI , add a comment

Las palabras son las piezas con las que construir las realidades, pero en ocasiones nos fallan. Creemos trasladar una realidad pero no es eso lo que ocurre, algunas palabras fueron vaciadas de contenido y ahora son demasiado débiles para construir nuestras vidas.

Llegar a la esencia de cualquier propuesta o contenido exige una construcción verbal que describa, desde la claridad y la sencillez, aquello que andamos buscando o hemos descubierto. En el mundo son muchas las palabras que se han vaciado de contenido, que se han transmutado o desviado. De esta manera llegamos a equivocar las realidades que construimos.

Cuando inicié mi vida como empresario entendí que una empresa era una construcción de un grupo de personas que persigue un objetivo: satisfacer alguna necesidad. Nadie puede vender algo que no se necesita pues nadie se lo compraría. Tenia 16 años y diseñé una empresa que cubría necesidades en cada una de sus acciones, las cubría con el producto que vendía y las cubría con la forma de generarlo. Sin embargo conforme vas conociendo el mercado no entiendes cómo éste posibilita la venta de productos que no cubren necesidad alguna y sin embargo hay necesidades incuestionables que no acepta. Mi idea original se construyó con las palabras de una economía integral, social y solidaria. Mientras la realidad lo hace con las de la economía del egoísmo del capital.

También aprendí, en mis primeros trabajos, cómo se calculaban los precios de los bienes y servicios. Era un escandallo de los costes la base a la que se le añadía el beneficio industrial para llegar al precio. Luego entraba el libre juego de la oferta y la demanda que terminaba de fijar el precio de mercado. También en este caso las palabras han cambiado de contenido. El tiempo me ha enseñado que no todos los costes entran en el precio, sólo entran aquellos que la empresa está soportando. Aquellos que puede exportar los acabaremos pagando por otras vías y no serán parte del cálculo. Cuando como consumidor quieres ejercer ese papel de forma responsable, la estructura de precios del mercado te lo pone muy difícil, confunde nuestras elecciones y nos lleva a pensar que pudiera ser cierto un precio por debajo de los costes reales. Tampoco reconoces el libre juego de la oferta y la demanda, ya que éste no existe. Un mercado regulado y diseñado para el beneficio de unos pocos frente a la población mundial no es libre sino todo lo contrario. La oferta y la demanda se cruzarán entonces con unos precios de partida que no reconocen todos los costes y dentro de unas reglas que dificultan la vida del pequeño y facilitan las concentraciones.

Uno se pregunta entonces si la economía es un medio para que las personas ordenen sus relaciones productivas o un fin en sí mismo. La conversión de herramientas en fines es una habilidad especialmente desarrollada por el ser humano con unas nefastas consecuencias. El dinero es seguramente el más claro ejemplo de esto. El dinero como fin, como producto que tiene sentido en sí mismo, es el que finalmente está detrás de todos estos cambios en los contenidos de las palabras que terminan cambiando nuestra realidad.

Hace unos años construimos un hospital de palabras donde éstas pudieran recuperar su esencia evitando convertirse en zombis. Necesitamos que la economía vuelva a ser una herramienta al servicio de las personas y del planeta. Necesitamos un mercado que ordene la oferta y la demanda dejando espacio para todos. Necesitamos unos precios que respondan a todos los costes realmente generados y nos permitan producir para cubrir necesidades reales.

Podemos salvar a estas palabras y aún más a las realidades que con ellas se construyen, devolviendo al modelo económico todos sus valores. Tenemos que abandonar un modelo que nos habla sólo de valores financieros, rendimiento del capital, para incorporar los valores sociales y medioambientales. Introducir estos valores es lo que ha de permitir que necesidades reales que no reconoce el mercado, como los cuidados por ejemplo, puedan encontrar retornos que nos posibiliten seguir aportando soluciones. Estos valores se crean como resultado de una acción que tendrá sus costes y sus beneficios, sociales y medioambientales. Introducir estos costes junto a los que las empresas ya reconocían reconciliará la palabra precio con su realidad. No será necesario argumentar un precio justo cuando el escandallo ya está mostrando un resultado integral, cuando el total de los costes se reconocen como propios del proceso de producción. En numerosos casos se evidenciarán el total de costes como no asumibles por el planeta, como no rentable. Eliminar las normas que permiten la ocultación o exportación de los costes sociales y medioambientales e incluso facilitar al mercado su juego integral, con todos los valores, hará que realmente la oferta y la demanda se encuentren en el lugar donde todas las personas y el planeta encontrarán la solución a sus necesidades de una forma responsable, sostenible y rentable.

La salud de las palabras como constructoras de realidades es deseable y necesaria. El uso de esas palabras para cambiar el mundo está al alcance de todos. En el caso de la economía tengo la seguridad de que la mayoría de la sociedad es capaz y tendría interés en construir una realidad diferente si tuviera las piezas que para ello se requiere.

La medición del valor social y medioambiental es hoy una realidad accesible para empresas, administraciones públicas y entidades sociales. Una vez conocidos los valores, los podremos gestionar para aportar los mejores resultados, que serán también los más justos y sostenibles.

El emprendimiento social es aquel que se diseña para la obtención del máximo valor social y medioambiental a la vez que asegura una viabilidad financiera. El crecimiento para el emprendedor social no tiene sentido en sí mismo sino que su sentido se encuentra en el crecimiento en valores.

Nittúa

Raúl Contreras

NITTÚA INFORMA abril 10, 2015

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AMPLIACIÓN DEL PLAZO DE MATRÍCULAS enero 13, 2015

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APLAZAMIENTO

LA ECONOMÍA ESTÁ EN JUEGO enero 6, 2015

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, INNOVACIÓN SOCIAL, SPANISH REVOLUTION, SROI, valor social , add a comment

Son largos años, quizá seis u ocho, los transcurridos desde aquel taller en Zaragoza donde presentábamos la necesidad de conocer qué es lo que aportamos a esta sociedad desde las entidades y empresas sociales. Como siempre ocurre algunos se unieron en la búsqueda y otros, pese a todos esos años, aún no han visto la necesidad.

Un trabajo arduo aunque acompañado que nos ha hecho caminar entre la investigación, la innovación y la experimentación, que nos ha generado dudas y alegrías. Ese camino me llevó a México a un encuentro sobre la medición del valor social y ambiental. Encuentro al que agradezco lo aprendido y que me permitió conocer dos grandes emprendedores sociales, Pati Ruiz y Carlos Cruz, junto a los que sigo trabajando hoy. Con Pati y las gentes del Grupo Ecológico Sierra Gorda creamos un curso de medición de estos valores reales. Curso que sigue abierto, ya en su cuarta edición, siendo útil para quienes se acercan con la voluntad de adquirir este conocimiento.

Iniciábamos la búsqueda del valor social por responsabilidad y con el deseo de poder demostrar lo que aportamos a esta sociedad, porque queríamos recuperarlo, como única manera perdurable de poder continuar aportando y hacerlo de forma eficiente. En el proceso descubrimos mucho más y nos convencimos de que el destino de la medición de estos valores es una visión de la economía que nada tiene que ver con la que todavía hoy rige para todos. Reconocemos la realidad del planeta donde se sitúan las personas en un espacio en el que son una parte más y a la vez son una parte esencial. Cualquier necesidad que pueda existir, difícilmente podrá escaparse de las que corresponden a las personas y el medio que comparten. La evidencia de una economía integral que contemple como propios los valores que muestran la satisfacción de estas necesidades, se revela como objetivo de nuestro quehacer.

Nos adherimos a la suma de los valores financiero, social y medioambiental como la imagen de la realidad, un ya conocido triple balance. Durante los últimos cinco años hemos avanzado mucho en esta construcción, la de un ECOSISTEMA ECONÓMICO INTEGRAL E INCLUSIVO. La medición, una propuesta en evolución, es hoy herramienta necesaria para la creación de este ecosistema.

Europa, desde su parlamento, ha hecho propia esta medición y llega a vincular el acceso a algunos fondos de financiación con la medición de los valores sociales y medioambientales generados. En esa misma obligatoriedad podría encontrarse, en un tiempo no muy dilatado, la gestión de la contratación pública o las memorias de RSE (responsabilidad social de la empresa). Algunas directivas aprobadas en el 2014 por el parlamento europeo, como la de contratación pública, podrían ir en esta dirección en sus concreciones e implementaciones nacionales. Algún país incluso ha regulado, con anterioridad a estas directivas, la introducción del valor social en la gestión económica.

El destino de una economía real, integral e inclusiva es un proceso iniciado, que aúna empresas, entidades sociales y administraciones públicas en la creación de valor compartido. Aquellas más dinámicas, innovadoras, capaces y creativas están siendo las primeras en medir y gestionar el valor social y medioambiental.

Pero nuestro pensamiento sigue avanzando y no sólo entiende que estos valores, que lo son de siempre, han de ser parte natural de la economía sino que otros, mal denominados valores, deberían quedar fuera.

Sabiendo que más del 90% de los movimientos financieros son especulativos, y que nada tienen que ver con la cobertura de las necesidades de las personas o del planeta, sino que suelen tener más que ver con la apropiación ilícita e injusta de valores que a éstos les pertenecen, nuestro pensamiento se consolida y avanza, y empezamos a ver que ese 90% no debería compartir ese triple balance. No debería ser parte de una economía real. Tendría que ser catalogado como juego perjudicial y dañino. El juego de unos pocos que apuestan con riquezas que no les pertenecen, causando daño a la mayoría de las personas y al planeta, en su egoísta y exclusivo beneficio.

especular

Antes de que la palabra economía se convierta en otra palabra zombi:

“Auténticos muertos vivientes. Palabras que fueron útiles y tuvieron vitalidad en el pasado, pero que ahora sólo perviven en nuestras mentes, sin ningún contacto con la realidad pero absorbiendo nuestra energía”,

deberíamos desplazar todos los movimientos financieros especulativos al ámbito del juego, regulándolos como tal, y así evitar que su acción perjudique al mundo que es de todos. Las afecciones provocadas por el juego no deberían salir del ámbito de los jugadores que en él han decidido participar. No pasaría entonces de ser algo más que unas partidas de poker.

La economía, recuperando la dignidad de la palabra, es valor social y medioambiental sumado al financiero real, el que pertenece a la propia maquinaria económica, la parte que posibilita su correcto funcionamiento.

NITTÚA

Raúl Contreras

Núria González