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UNA MUESTRA DE INTELIGENCIA DE UN TERRITORIO ES LA COMPRA PÚBLICA RESPONSABLE noviembre 24, 2018

Posted by NITTÚA in : economía solidaria, INNOVACIÓN SOCIAL, valor social , add a comment

Todavía me sorprendo hoy con algunas evidencias de las diferentes inteligencias que tenemos las personas. Algo que conocía, se puede decir de siempre, pero que el tiempo va magnificando desde la evidencia de la realidad. No puedo resistirme a pensar ¿de qué inteligencia se habla cuando se habla de territorios inteligentes?

Desde luego somos muchos los que no hemos de quedar satisfechos si esa es una inteligencia analítica que trabaja datos sin contar con una inteligencia emocional en sus aplicaciones. Hablar de empatía y generosidad es clave en una gestión inteligente de un territorio. Es evidente que junto a los valores financieros queremos crear valores sociales y ambientales. Y lo hacemos reconociendo los tres valores como un todo económico.

La realidad no es ésta y por eso tenemos que cambiarla. El mercado no reconoce los tres valores como propios y consecuentemente no los gestiona, pero son incuestionables desde la más ortodoxa teoría económica. El mercado obsoleto tiene que dar paso a un nuevo mercado mucho más real y ajustado a las necesidades de las personas y el planeta.

Para conseguir ese cambio una buena manera, que no la única, es empezar por modificar los criterios de decisión en la compra pública, enfocándolos hacia la compra pública responsable. La compras de las administraciones públicas representan alrededor de un 20% del PIB europeo. Una aplicación de lo que hoy dice la directiva 24/2014 y la ley general de contratos empujaría la compra pública hacia criterios responsables de una forma sustancial.

Para ello la administración pública debe incluir criterios / cláusulas, de adjudicación y de ejecución, sociales y ambientales. Uno de los problemas que la administración se plantea para hacer este cambio es la carencia de información sobre los valores que se crean. Con esa información se podrá hacer una planificación, y posteriormente vigilar el cumplimiento desde el seguimiento. Debemos introducir criterios de eficiencia en la gestión de estos valores en esa compra pública y como derivada, la empresa también los irá introduciendo.

Dibujamos un ¿para qué? a ese territorio inteligente.

Es importante dejar claro que los tres valores son económicos. Un buen gestor económico, que sabe trabajar en la relación coste/beneficio, puede conseguir un desarrollo de su empresa, entidad social o administración aportando un mayor nivel de beneficios que de costes, sociales y ambientales. Con una adecuada gestión de los valores creados, netos positivos, podremos llevar a las cuentas de resultados incrementos significativos. También los balances patrimoniales se consolidan con esta suma de valores.

La administración pública está obligada, por ley, a la introducción de cláusulas sociales y ambientales a la hora de adjudicar sus compras de bienes y servicios e incluso a la reserva de mercados con este fin. Las empresas que ofrezcan mejores resultados económicos en sus tres valores serán las que se acabarán quedando con las contratas y derivarán hacia sus proveedores y subcontratistas las obligaciones de creación de valores. Es un camino que aunque lleva años en construcción, con esta nueva ley coge fuerza y marca una hoja de ruta clara para quien la quiera leer.

La ley llega a introducir el concepto del coste del ciclo de vida del producto como un sustituto del precio. Este coste, que no explica con claridad cómo se calcula, si seguimos el informe GECES del parlamento europeo sobre la medición del valor social y ambiental, podría ser el resultado de:

precio + coste social + coste ambiental – beneficio social – beneficio ambiental = coste del ciclo de vida

Este cambio del precio al coste del ciclo de vida modifica el fundamento de las relaciones comerciales basadas hoy estrictamente en criterios financieros.

Tenemos que preparar nuestros territorios para tener el mismo acceso a la información social y ambiental que tenemos a la financiera.

Tenemos que preparar a nuestras empresas para crear, medir y gestionar valor social y ambiental.

Tenemos que preparar a todas las personas para incluir en sus decisiones cotidianas los tres valores como condición de resolución y hay que hacerlo de una forma muy sencilla.

Desde aquí uno entiende mejor las distintas inteligencias, también las de nuestros territorios.

 

Raúl Contreras

NITTÚA

EMPRESA O NEGOCIO abril 1, 2018

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, emprendedor social, exclusión social, justicia social , add a comment

Cada vez con más claridad podemos reconocer cómo se propone el diseño de productos como vía para el emprendimiento. Una propuesta irresponsable de quien la hace en esos términos.

Cuando se diseñan productos estamos trabajando sobre una parte de la empresa exclusivamente. Creamos herramientas vacías de objetivos que esperamos provoquen una demanda o tengan la suerte de encontrarla, pues suelen ser construcciones desde la oferta. Propuestas distantes del conocimiento de la necesidad y carentes de un objetivo que le aporte coherencia, resiliencia y capacidad de desarrollo.

 

Foto – Sasha Asensio

Una cosa es contrastar los puntos más problemáticos de un proyecto antes de invertir grandes esfuerzos en él, sondear el mercado o testar mi producto, por ejemplo, y otra es sólo hacer eso.

Crear una empresa es iniciar una carrera de fondo. Es un esfuerzo de largo recorrido que persigue un objetivo. En la empresa social este objetivo contiene tres valores. No existe empresa sin objetivo, sin un equipo humano, un modelo de gobernanza y unas herramientas para conseguirlo. Cuando sólo nos centramos en las herramientas estamos diseñando productos y eso tiene consecuencias:

 

Foto – Sasha Asensio

Crear empresa es mucho más que crear producto.

Crear empresa es crear en el largo plazo, es crear desde el territorio y la necesidad.

La empresa es más resiliente cuanto más claro tiene el objetivo y mejor situa a la herramienta como tal. Una empresa que no es capaz de rehacerse, de adaptarse al mundo y a las posibilidades que éste aporta para alcanzar el objetivo está llamada a morir joven o en el mejor de los casos vivir en una decadencia continuada hasta la extenuación.

Diseñar producto, como todo proyecto, está apoyado en una cultura del corto plazo que persigue el beneficio y no la generación de riqueza, construye negocio, no empresa.

 

Nittúa

Raúl Contreras

EN OCASIONES ES NECESARIO CAMBIAR LAS COSAS PARA QUE NADA CAMBIE enero 27, 2018

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, INNOVACIÓN SOCIAL, justicia social , add a comment

De crío recuerdo cómo me turbaba el pensamiento, a la vez que captaba toda mi atención, el mago que en la tele cortaba por la mitad a su compañera y luego aparecía integra y sin un rasguño. Siempre pensé que esa magia tenía un poder especial sobre el pensamiento de las personas. Con los años uno conoce la naturaleza de los trucos y los lee en el contexto de un espectáculo de entretenimiento en el que obtienen nuestra admiración por sus habilidades y destrezas. Hasta aquí todo va bien. El problema surge cuando empiezas a ver a otros “nomagos” cuyos actos lejos de ser trucos inofensivos y destinados al disfrute de las personas buscan su lucro personal haciendo creer que la sierra realmente ha partido a la persona cuando en verdad esto no ha ocurrido.

El esfuerzo de muchos miles e incluso algunos millones de personas en el mundo para cambiar las cosas, para proteger la vida, no es magia. Viene de la magia interior de todas estas personas, héroes anónimos la inmensa mayoría, pero sus actos son reales y fruto de un gran esfuerzo, normalmente realizado contra corriente. Su fuerza es tal que desacreditar los resultados o intentar esconderlos es casi imposible pues la realidad es tozuda y no se deja hundir en el fango. Ante esto aparece el “nomago” como el hacedor de cambio para que nada cambie. Lo que es peor, muestra el truco a esos millones para que, como él, creen el cambio que sabe que nada cambia. Lo hace con el verbo de los héroes anónimos, desde el mundo de la disrupción llegando a situarse en el liderazgo de un proceso que él no quiere. De esta manera trasladará el movimiento a un escenario donde sabe manejar el truco que mantiene lo de siempre.

Cambiarlo todo para que nada cambie. Gentes enaltecidas desde el rechazo de la injusticia, la desigualdad, la marginación, etc. fagocitadas en el verbo y en las formas por un poder real. Un poder de lo establecido que ve peligrar su estatus con estos movimientos y que prefiere trasladarlos a donde sus hechos dejan de serlo que enfrentarse a ellos. Transformar lo real en virtual, el cambio en continuidad, o aun peor, en el fortalecimiento de lo establecido.

Pretendido cambio que sólo modifica la apariencia y acaba trabajando para ser lo mismo que quería cambiar. Ingenuos que piensan que se les cederá el puesto de “nomago” porque vieron que alguno lo consiguió. Lamentable, pues no fue más que un señuelo, otra ilusión que confunde la realidad.

Políticos de todos los tiempos que hablaron del cambio y una vez suben al escenario pierden el objetivo, los que lo tuvieron, y aceptan el juego de no tocar lo que no se debe. Cuidado y prudencia, racionalidad y desconfianza, egoísmo y miedo, se adueñan de sus actos. Pero para seguir en el cartel del teatro deben mostrar que están alineados con esos objetivos que en la calle aprendieron.

Nuevas herramientas peligrosas para el mantenimiento del beneficio de unos pocos acaban siendo utilizadas por estos mismos para perpetuar o mejorar su situación. Herramientas asépticas que dan tan diferentes resultados cuando cambian de manos.

Empresarios del espectáculo virtual del cambio que consiguen alienar a los insurrectos para neutralizar la fuerza que nace de la necesidad vital de justicia, de la más auténtica naturaleza humana.

Malos magos, “nomagos”, unos pocos, que se apropian de consignas, formas, herramientas y verbos, para mantener su posición privilegiada a costa de los demás.

Raúl Contreras
NITTÚA

ESTO DE LO SOCIAL mayo 22, 2017

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, INNOVACIÓN SOCIAL, valor social , add a comment

SOCIAL Escucho esta palabra, cierro los ojos y espero que surjan imágenes. Algo no cuadra, no son las imágenes que solemos ver en los vídeos, folletos o carteles alumbrados bajo esta palabra. Insisto en la búsqueda pero mi visión persiste. Lo primero que veo es a mi familia y amigos. Todas ellas personas que necesito para contar mi historia. Mi insistencia en ver más no los elimina sino que hace grande el grupo y lo hace en un entorno natural. Son imágenes donde el reposo, la armonía y la alegría nos lleva a la conversación y la diversión.

¿Qué ha pasado entonces con esa visión sesgada de gentes que viven en la desgracia de las circunstancias y los juicios de un sistema perdido?

No los ves porque en ti tienen nombre, cara y una historia de vida. Están en el grupo y son ellos, y con ellos muchos más que no conoces. Claro que están, pero no diferentes, no solos o aislados, no olvidados.

Son tantos los mensajes que recibimos donde lo social se relaciona exclusivamente con esas imágenes de desgracia y conflicto que algunos se sorprenden ante la luminosa sonrisa de quien nada tiene. Esos mensajes se empeñan en trocearnos como grupos, en hacer selecciones de personas que se distinguen unas de otras por artificios que pasado mañana podrían ser otros según los intereses imperantes. Personas que tendrán siempre lo social como adjetivo para identificar que no son como nosotros porque la vida no les a tratado bien, son gentes vulnerables. Por extensión, todo aquello que comparta este adjetivo será algo que se impregnará de esa imagen que nos han vendido y se muestra como real.

En mis imágenes no sabría si decir que no encuentro esas personas vulnerables por ninguna parte o mejor que todos los que en ellas aparecemos lo somos. En cualquier caso sí veo diferencias entre las muchas, unas nos sabemos vulnerables y quizá no lo seamos tanto y otras que no se reconocen como tales se acorazan y distancian para ocultar su vulnerabilidad. Cuánta confusión.

Lo social se transforma en sustantivo para hablar de aquello que se mueve en el margen y que es allí donde adquiere sentido y donde se debe quedar. Sin embargo son muchas las realidades que demuestran que este mundo de lo social no es otro mundo sino el mismo, el de todos.

Dentro de este marco no debe extrañarnos que muchas personas sitúen la economía social, el emprendimiento social, la innovación social o la empresa social como realidades contra natura. Gentes que piensan que una empresa social es un oximorón, pues la empresa es creativa, productiva, eficiente, rentable mientras que lo social es altruista, caritativo y una carga que se nos traslada a muchos para mantener a otros. ¿Cómo no pensar eso si ellos no se reconocen en las imágenes que se evocan en su interior al visualizar la palabra social?

Todos somos parte de esta sociedad y a todos nos corresponde cuidarla. Sólo desde aquí se puede comprender que hablar de social es hablar personas y de los territorios donde convivimos. Por supuesto incluidas también aquellas que el sistema expulsa con tanta facilidad.

El oximorón no existe. Cualquier adjetivo social no hace sino recordarnos que nos debemos un cuidado y que éste no puede ser un cuidado egoísta de mi persona frente al resto del mundo. Ha de ser generoso con todas las personas y con el planeta sino queremos acabar con la vida. En cuanto pensemos más allá del espacio individual y del hoy no cabe ninguna duda que todas las empresas volverán a ser sociales y que la innovación será social o no será, pues necesitamos un “para” que le de sentido a cualquier innovación tecnológica, biológica, económica…

Es así como hemos de construir un mañana para todos y no solo para unos pocos, aunque estos sean vulnerables.

Raúl Contreras

Nittúa

ECONOMÍA PARA CUIDAR LOS VALORES abril 9, 2017

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Diferentes propuestas de alternativas económicas, que no son tan distintas. Iguales tampoco. Sin embargo todas ellas comparten unos valores que queremos.

Una lluvia de adjetivos que además de ser fagocitados inmediatamente, para vaciarlos de contenido, ponen el acento en las diferencias y no en lo común. Economía social, del bien común, circular, feminista, colaborativa, solidaria,… Cuantos apellidos para un solo nombre.

Es buena la diversidad si es capaz de construir juntos y para todos.

Ante un mundo completamente controlado por el neoliberalismo, por la economía del egoísmo, que nada tiene de liberal y está absolutamente intervenida, algunos se empeñan en apuntar hacia las diferencias entre las alternativas en lugar de sus espacios compartidos. Cuanto más distantes están las personas de las realidades de la calle y del planeta más énfasis ponen en alzar la diferencia.

Son las realidades de cada una de las personas y de nuestra tierra las únicas que aportan sentido y fuerza a cualquier medio que traiga un cambio en el rumbo en este sistema egoísta, injusto y obsoleto.

Son todas ellas economías con valores que buscan la sostenibilidad de la vida. Tienen ante si muchos nombres y apellidos, que conviven en territorios a los que pertenecen, a los deben servir. Estas economías han de ser compañeras en un viaje largo y complejo.

La coherencia empieza en cada una. La propuesta alternativa es una realidad de vida de quien cree en ella. En casa, en el trabajo, en el barrio, en la calle o de viaje, la convicción dirige nuestros actos sin necesitar de argumentarios ni discursos que quedan por debajo de los hechos. En las personas anónimas está la fuerza que lo puede cambiar todo, el resto no son sino una serie de medios construidos desde el esfuerzo y el sacrificio de muchos años, y de mucha gente, para formar parte de la caja de herramientas que cada persona utilizará.

Hablar de economía con valores es hacerlo de aquella que cuida y respeta los valores de las personas y su entorno, de la vida. Desde la libertad, cada persona puede sentirse más inclinada a poner el acento en unos valores o en otros, pero todos ellos conforman los comunes y que el modelo económico tiene la obligación de preservar para el futuro.

Así pues, nos toca estirar de una cuerda única. Hagamoslo sin perder de vista el sentido real que justifica nuestra acción y veremos cómo ni la capacidad fagocitadora de palabras y contenidos, ni la apuesta por la diferencia, ha de encontrar un espacio en el que sobrevivir.

Actuando de esta manera hemos de evitar que las herramientas se conviertan en objetivos y con ello perdernos en estériles discusiones que no tienen nada que ver con cuidar la vida de todos.

Nos vemos en la calle.

Raúl Contreras

Nittúa

OKONOMIA ABRE MATRÍCULA marzo 5, 2017

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NUEVO CURSO DE OKONOMIA

ESTA VEZ CON LA UNIVERSIDAD POPULAR DE VALENCIA

A

CONFIANZA ES REVOLUCIÓN febrero 12, 2017

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, justicia social , add a comment

El mundo en un cajón. Sus paredes monocromas. Pasillos que nos quieren llevar aquí y allá siempre, a un sitio que otro decidió para nosotros. Y funciona, les funciona porque lo construyen sobre el miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a lo que harán, a salir de la rutina, a conocer,… miedo a pensar.

Cuando el miedo se instala en la sociedad se extiende como una de esas terribles manchas de petróleo que matan nuestros mares y océanos. Todo lo que toca lo destroza, lo contamina o desaparece. Así es como se construye un mundo desde la desconfianza. Con la pérdida de valores, muchas personas contaminadas aceptan el juego y lo repiten sin pensar, sin recordar quiénes son y para qué están donde están.

Entramos en la caja, su nombre, desconfianza. Una vez estás dentro, ves que deja espacio para unos pocos y miseria para muchos. Se construyen complejos laberintos de palabras estériles que sólo buscan confundir. Miles de obstáculos que la mayoría no atraviesan quedando aislados en la caja gris. Mi vecino, mi primo o mi hermano ¿Ellos también? Así perderemos la batalla.

La desconfianza se articula desde la valoración del riesgo en la confianza. Al final es el miedo a la pérdida el que cierra otras puertas.

Me pregunto ¿Cuál es la pérdida cuando optamos por la desconfianza?

Es tan grande que no la vemos. El modelo económico actual es quien más apuesta hace por mantener la desconfianza y convence a muchos, diciendo que ahorraremos problemas y dinero. Eso nos enseñan.

La desconfianza, en cambio, nos trae:

 ¿Y todo esto para que nadie sea engañado, estafado o robado?

No hace falta que te roben después de todo lo que has gastado para evitarlo ¿No crees?

La realidad, tozuda ella, nos dice que todo esto se ha construido para que sólo unos pocos puedan engañar sin consecuencias y el resto, sean disuadidos. ¿Estamos tranquilos, seguros, con quiénes dicen estar ahí velando por nuestro bien común?

Realmente nos engañaron otra vez. Nuevamente en lugar de rechazar aquello que no nos es propio ni natural lo aceptamos e incluso, lo hacemos nuestro. Es tiempo de parar, pensar y resolver. Una sociedad construida desde la confianza no sólo sería mucho menos costosa para las personas, aún teniendo que sufrir algún que otro engaño, sino que nos permitiría a todos ser más persona y convivir como iguales en un espacio de construcción personal y colectivo.

SI ESTAMOS DISPUESTOS A CAMBIAR ESTE SISTEMA, EMPECEMOS NOSOTROS MISMOS. CONSTRUYAMOS NUESTRA ALTERNATIVA DESDE LA CONFIANZA.

Raúl Contreras

NITTÚA

MESTIZAJE ES FORTALEZA enero 14, 2017

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La economía del mestizaje es seguramente la única que realmente se puede alinear a un mundo global que cada día es más pequeño. Posiciones beligerantes que buscan preservar pequeñas reservas donde cada uno tiene su espacio y es reconocido en él, donde las reglas del juego están establecidas, se intentan hacer fuertes frente al mestizaje que es el nombre de lo que será. Nada tienen que hacer, de nada les ha de servir el reglamento de su tablero de juego o la jerga que se hubieran construido, porque sus problemas son el aislamiento y que su objetivo hace ya tiempo que fue abandonado por la preservación de la herramienta, del proyecto.

La parte más negativa de estos procesos egocéntricos es la búsqueda de la oposición como vía de reafirmación. Ser desde la diferencia que justifica la oposición. Oponer el desarrollo tecnológico al social, el financiero al ambiental, la ciudad al pueblo, mi modelo al tuyo, como vía para preservar mi espacio es el principio del fin.

El mestizaje se impone desde la cultura de tal forma que compartir es clave para el modelo de desarrollo social. Aportar todos aquellos diferenciales positivos que tenemos en la construcción colectiva de alternativas exige la apertura, para aprender y para enseñar. Las diferentes partes se alinean en la definición de un resultado que aporta valor compartido.

En los últimos años ha quedado evidente que lo económico y lo social no tenían más opción que fundirse en proyectos que aportaran buenos resultados en ambos campos, que acabarán siendo uno. Aún no se ha conseguido imponer esta realidad y ya se amplia. Podemos ver como la diversidad más completa debe entrar en la órbita de la colaboración para la sanación del planeta y la sociedad.

La sostenibilidad de la vida es la resina que ha de unir todas las partes. El PARA QUÉ general que se crea con muchos específicos que le dan cuerpo y forma.

La vuelta a los objetivos originales, reduciendo el peso del mantenimiento de la herramienta, exige compartir el esfuerzo y el resultado con otros muchos.

Volver al objetivo fortalece los proyectos y a las personas. Posibilita renovar principios desde los que reordenar nuestros pensamientos y nuestros actos. Principios individuales que serán colectivos en la medida en la que se muestren desde hechos y compromisos reales con la vida.

Sea este artículo una invitación a la generosidad y empatía para todos. Una invitación para alcanzar la cooperación y el mestizaje colectivo.

Raúl Contreras

NITTÚA

DE PROPIETARIO A EMPRESARIO abril 9, 2016

Posted by NITTÚA in : cambio social, economía solidaria, emprendedor social, INNOVACIÓN SOCIAL, valor social , add a comment

Cuando el ánimo no lo es.

Cuando acaba siendo una expectativa que se convierte en obligación.

Cuando las dudas se resuelven en un obedecer, en un cumplir con las expectativas de los demás.

Cuando las expectativas de los demás se hacen tuyas pero no lo son.

Me hice a mi mismo, me construí de la nada, no me quedé esperando a que nadie me resolviese la vida… Muchas historias de nuestros padres, abuelos y más cercanas podrían empezar a contarse así, pero no era ese el principio, no es cierto. La verdad es que quizá no tuvieran riquezas materiales, quizá no tuvieran ni tan siquiera unos padres que les apoyaran pero en cada una de las historias que pudiéramos empezar así encontraríamos a otras personas que creyeron en mi, que me apoyaron, que confiaron en mi capacidad y me sostuvieron al caer. No es cierto que me haya construido sólo.

 

Acababa su carrera y entre sus últimos esfuerzos se filtró la oportunidad del éxito fulgurante. Lejos de la cultura del esfuerzo, de la resistencia y de la gestión del fracaso, la gloria se le presenta bajo el nombre de startup. Focos y fastos de un éxito rápido traducido a moneda de curso legal en cantidades ingentes serán el reconocimiento de su éxito y él el único responsable de que esto sea así.

Sólo para los mejores, para los elegidos y tú puedes ser uno de ellos, el único obstáculo eres tú mismo. Además tienes la suerte de que estemos en crisis porque es en las crisis donde los valientes e inteligentes emprendedores encuentran las oportunidades.

Lo veo, lo estoy viendo. Yo puedo empezar en el garaje y acabar donde quiera. Sólo tengo que lanzarme.

Qué suerte, encuentro a alguien que me dice que no me lo piense, que me lance con esa idea que se me ocurrió hace unos meses y a la que ando dándole vueltas. Me lo preparo y me invitan a un evento que abrirá todas las puertas. Aceleradoras, lanzaderas, espacios compartidos de colaboración… Un mundo para mi y unos cuantos más que podemos ser lo que queramos.

La idea era buena y así lo valoró un inversor.

Mierda de día el de la ronda de financiadores. Entré en la trampa que acabaría estampándome contra un suelo profundo del que intento salir aún hoy.

Por supuesto el único responsable de lo que me ocurre soy yo, pues no fui lo bastante bueno, ya se cuidaron de señalarlo. No valgo, no estoy entre los elegidos. Así fue la despedida de mi emprendimiento pero hoy casi que me alegro pues los elegidos, los triunfadores, lo han pasado mucho peor. Endeudados con un especulador financiero que les urge un rendimiento alto y en un cortísimo plazo, trabajan para el diablo. Además aguantan lo que aguantan, no demasiado, ya que nadie les dijo que para ser empresario no basta con una buena idea, ni tampoco con saber jugar al poker. Que un empresario es un actor social que crece con el proyecto y que eso sucede lentamente con mucho esfuerzo y tesón. Que construyes riqueza en la medida en la que un equipo de personas se comprometen contigo, y tú con ellos, para que esto sea así.

No, nadie les dijo nada que no fuera: el éxito ha de ser rápido, el negocio escalable o la innovación y el emprendimiento serán llaves para un futuro que está en tus manos.

Nadie les dijo que su aliado era su enemigo, ni que por sus exigencias se perdería la alegría del esfuerzo compartido y el trabajo bien hecho como base que ha de acompañar esa idea maravillosa que lo movió todo en las noches de desvelo.

Al final, de los muy pocos que finalmente consiguen ese dorado prometido, difícilmente alguno podrá dar respuesta a ¿y todo eso para qué?

Pero ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo cuidamos a nuestros jóvenes? ¿Pensamos seguir dejando que sean pieza de apuesta para los especuladores financieros, que herederos de la cultura del pelotazo ahora nos hablan de startup, la evolución, aun más cruel, de los primeros?

Cuando los conoces no ves en ellos sino a jóvenes engañados por aquellos que encontramos al final de todos los caminos que mejor no hay que tomar.

Por el dolor de nuestros jóvenes que es el nuestro. Porque esos jóvenes son los que anteceden o son nuestros hijos. Porque no es cierto que ellos sean los únicos responsables de su vida. Porque un emprendedor no es alguien cegado por los focos y el dinero. Cuidemos a nuestros jóvenes, cuidémonos.

Yo, empresario convencido de la bondad y la fuerza de un emprendedor que crea riqueza en el largo plazo, que es un corredor de fondo inasequible al desaliento, que como el roble crece lento y fuerte, niego este invento opuesto a los intereses de la sociedad y el planeta.

Reinventemos para nuestros jóvenes las empresas innovadoras tecnológicas, culturales, sociales y medioambientales, para que crezcan en valores y con fuerza.

Ya no las podremos llamar startup, qué pena.

Nittúa

Raúl Contreras

 

HOSPITAL DE PALABRAS enero 16, 2016

Posted by NITTÚA in : cambio social, consumo responsable, economía solidaria, emprendedor social, INNOVACIÓN SOCIAL, SROI , add a comment

Las palabras son las piezas con las que construir las realidades, pero en ocasiones nos fallan. Creemos trasladar una realidad pero no es eso lo que ocurre, algunas palabras fueron vaciadas de contenido y ahora son demasiado débiles para construir nuestras vidas.

Llegar a la esencia de cualquier propuesta o contenido exige una construcción verbal que describa, desde la claridad y la sencillez, aquello que andamos buscando o hemos descubierto. En el mundo son muchas las palabras que se han vaciado de contenido, que se han transmutado o desviado. De esta manera llegamos a equivocar las realidades que construimos.

Cuando inicié mi vida como empresario entendí que una empresa era una construcción de un grupo de personas que persigue un objetivo: satisfacer alguna necesidad. Nadie puede vender algo que no se necesita pues nadie se lo compraría. Tenia 16 años y diseñé una empresa que cubría necesidades en cada una de sus acciones, las cubría con el producto que vendía y las cubría con la forma de generarlo. Sin embargo conforme vas conociendo el mercado no entiendes cómo éste posibilita la venta de productos que no cubren necesidad alguna y sin embargo hay necesidades incuestionables que no acepta. Mi idea original se construyó con las palabras de una economía integral, social y solidaria. Mientras la realidad lo hace con las de la economía del egoísmo del capital.

También aprendí, en mis primeros trabajos, cómo se calculaban los precios de los bienes y servicios. Era un escandallo de los costes la base a la que se le añadía el beneficio industrial para llegar al precio. Luego entraba el libre juego de la oferta y la demanda que terminaba de fijar el precio de mercado. También en este caso las palabras han cambiado de contenido. El tiempo me ha enseñado que no todos los costes entran en el precio, sólo entran aquellos que la empresa está soportando. Aquellos que puede exportar los acabaremos pagando por otras vías y no serán parte del cálculo. Cuando como consumidor quieres ejercer ese papel de forma responsable, la estructura de precios del mercado te lo pone muy difícil, confunde nuestras elecciones y nos lleva a pensar que pudiera ser cierto un precio por debajo de los costes reales. Tampoco reconoces el libre juego de la oferta y la demanda, ya que éste no existe. Un mercado regulado y diseñado para el beneficio de unos pocos frente a la población mundial no es libre sino todo lo contrario. La oferta y la demanda se cruzarán entonces con unos precios de partida que no reconocen todos los costes y dentro de unas reglas que dificultan la vida del pequeño y facilitan las concentraciones.

Uno se pregunta entonces si la economía es un medio para que las personas ordenen sus relaciones productivas o un fin en sí mismo. La conversión de herramientas en fines es una habilidad especialmente desarrollada por el ser humano con unas nefastas consecuencias. El dinero es seguramente el más claro ejemplo de esto. El dinero como fin, como producto que tiene sentido en sí mismo, es el que finalmente está detrás de todos estos cambios en los contenidos de las palabras que terminan cambiando nuestra realidad.

Hace unos años construimos un hospital de palabras donde éstas pudieran recuperar su esencia evitando convertirse en zombis. Necesitamos que la economía vuelva a ser una herramienta al servicio de las personas y del planeta. Necesitamos un mercado que ordene la oferta y la demanda dejando espacio para todos. Necesitamos unos precios que respondan a todos los costes realmente generados y nos permitan producir para cubrir necesidades reales.

Podemos salvar a estas palabras y aún más a las realidades que con ellas se construyen, devolviendo al modelo económico todos sus valores. Tenemos que abandonar un modelo que nos habla sólo de valores financieros, rendimiento del capital, para incorporar los valores sociales y medioambientales. Introducir estos valores es lo que ha de permitir que necesidades reales que no reconoce el mercado, como los cuidados por ejemplo, puedan encontrar retornos que nos posibiliten seguir aportando soluciones. Estos valores se crean como resultado de una acción que tendrá sus costes y sus beneficios, sociales y medioambientales. Introducir estos costes junto a los que las empresas ya reconocían reconciliará la palabra precio con su realidad. No será necesario argumentar un precio justo cuando el escandallo ya está mostrando un resultado integral, cuando el total de los costes se reconocen como propios del proceso de producción. En numerosos casos se evidenciarán el total de costes como no asumibles por el planeta, como no rentable. Eliminar las normas que permiten la ocultación o exportación de los costes sociales y medioambientales e incluso facilitar al mercado su juego integral, con todos los valores, hará que realmente la oferta y la demanda se encuentren en el lugar donde todas las personas y el planeta encontrarán la solución a sus necesidades de una forma responsable, sostenible y rentable.

La salud de las palabras como constructoras de realidades es deseable y necesaria. El uso de esas palabras para cambiar el mundo está al alcance de todos. En el caso de la economía tengo la seguridad de que la mayoría de la sociedad es capaz y tendría interés en construir una realidad diferente si tuviera las piezas que para ello se requiere.

La medición del valor social y medioambiental es hoy una realidad accesible para empresas, administraciones públicas y entidades sociales. Una vez conocidos los valores, los podremos gestionar para aportar los mejores resultados, que serán también los más justos y sostenibles.

El emprendimiento social es aquel que se diseña para la obtención del máximo valor social y medioambiental a la vez que asegura una viabilidad financiera. El crecimiento para el emprendedor social no tiene sentido en sí mismo sino que su sentido se encuentra en el crecimiento en valores.

Nittúa

Raúl Contreras