La contabilidad de la muerte: ¿Por qué destruir la vida es el negocio más rentable?

Cuando buscamos hacernos entender, no basta con hablar el idioma del interlocutor; debemos situar el discurso en el terreno donde el otro se siente cómodo y posee el control. Es una práctica que todas hemos realizado: al hablar con niños, rescatamos elementos de su realidad cotidiana para explicarles conceptos nuevos.

Recuerdo una escena de la película HIND, situada en Gaza: dos voluntarios de la Luna Roja mantienen una línea telefónica con una niña de seis años, atrapada en un coche y rodeada por los cadáveres de sus primos y tíos, mientras los tanques la cercan. Esa realidad se me hizo gigante, cobrando una nitidez extrema. Primero le dijeron que sus primos dormían; cuando esa explicación caducó, coordinaron su rescate usando un símil que ella pudiera comprender.

Inspirado por esto, me parece urgente hablarle al mundo de la economía, y especialmente a quienes sostienen sus palancas, en su propio idioma, desde su realidad técnica y sus fundamentos financieros.

Padecemos guerras de nula comprensión para quienes ponemos el cuidado de la vida por encima del capital, como los conflictos en Ucrania, Gaza o Irán. Nos cuesta entender estas lógicas porque nosotras tenemos claro que jamás apretaríamos ese botón. Pero quizás, si traducimos el horror a balances anuales, quienes las provocan logren entender la magnitud de su insolvencia ética.

Si monetizamos la vida, esa necedad necesaria para que el sistema no le asigne un valor de cero y sus cuentas brillen, podemos analizar el coste real de la muerte. Utilizando la mediana de un seguro de vida estándar (38.500€, aproximadamente el precio de un coche SUV), el resultado es una lógica miope y una riqueza insultante.

El balance de la «normalidad» (Vida a 38.500 €)

Evidencia cómo el beneficio privado devora el valor de la vida común.

ConceptoVidas Perdidas (año)Coste de las vidas (año)Ingresos del Negocio (año)Fuente del Dato (Mortalidad / Beneficio)
Guerra de Gaza44.0001.694 M€46.000 M€ (Reconstrucción)UNRWA / Banco Mundial (RDNA 2026)
Guerra de Ucrania120.0004.620 M€541.000 M€ (Reconstrucción)ACNUR / Gobierno Ucrania / Comisión Europea
Conflicto Irán3.400131 M€138.000 M€ (Petróleo)HRANA / IEA (Agencia Int. de la Energía)
Venta de ArmasN/AN/A624.000 M€ (Ventas Top 100)SIPRI (Stockholm Peace Research Institute)
TOTALES167.4006.445 M€1,35 Billones €

Bajo este prisma, la guerra es un negocio salvajemente lucrativo: con un «coste» de 6.445 millones en vidas, se obtienen beneficios de 1,35 billones. El valor de todas las personas muertas en estos tres conflictos apenas representa el 1,2% del beneficio proyectado solo para la reconstrucción de Ucrania. Es una exportación de costes en toda regla.

Viñeta de TJeerd Royaards. A la izquierda número de víctimas a la derecha precio de la gasolina.

Sin embargo, ¿qué ocurre si aplicamos una indemnización valiente, acorde a la que recibiría un empresario de Silicon Valley (1,85 M€ según Guinness World Records)? El análisis cambia radicalmente: el coste de las vidas ascendería a 30,97 billones de euros, frente a un beneficio de 1,35 billones.

Cuando valoramos la vida con dignidad, la guerra se revela como el negocio más ruinoso que se pueda emprender. Una economía que necesita destruir 30 para ganar 1 no es economía; es un expolio a la vida, un organismo hostil que se autodinamita.

En NITTÚA sabemos que este modelo es insostenible. No es solo una cuestión de ética; es una cuestión de honestidad contable. Cualquiera de las dos lecturas nos deja una conclusión inapelable: para el capital, no somos más que un número pequeño en sus cuentas.

NO A LA GUERRA. Lo digo de nuevo, ahora con un símil para que el capital nos entienda: dejen de insultar nuestra inteligencia y, sobre todo, dejen de matar personas.

SOBERANÍA ECONÓMICA YA

Raúl Contreras

NITTÚA

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