Ni discos duros ni dóciles: recuperar la RAM para recuperar la vida

El tiempo suele describirse como esa arena que se escapa, obligándonos a correr para evitar que caiga al vacío. Pero esa es una falsa urgencia. La realidad es que la arena solo cae en otro recipiente; basta con darle la vuelta al reloj para que vuelva a correr. Sin embargo, para quienes no quieren que pensemos, la prisa es el aliado perfecto. «Esta oferta acaba en cuatro horas» , «Firma ahora o lo pierdes». Mentira. Le darán la vuelta al reloj y la oferta, u otra similar, volverá a aparecer.

A veces estas decisiones son intrascendentes, pero en otras ocasiones son letales. ¿De verdad no tenemos tiempo para pensar?

El segundo gran enemigo del pensamiento es la intoxicación informativa. Atiborrar a las personas con datos, incluso si son ciertos, es una estrategia eficaz para bloquear el análisis. Es un vicio que arrastramos desde la escuela, donde se premia al niño que funciona como un contenedor de información para luego volcarla en un examen. En la universidad, la escala aumenta: los estudiantes deben ser discos duros de búsqueda rápida, relegando el procesado de la información al último rincón.

Si no entrenamos la capacidad de pensar, nos convertimos en repetidores dóciles de consignas ajenas. Las redes sociales han perfeccionado este modelo, actuando como polarizadoras que lanzan mensajes directos a quienes ya tienen una predisposición a creerlos, sin espacio para la duda o el cuestionamiento. Es la versión exacerbada de lo que antes hacían ciertos periódicos o libros destinados a adoctrinar bajo una verdad única.

Donde este juego de «tiempo e información» alcanza su máximo beneficio es en la venta. Antaño, los «pica-puertas» de enciclopedias daban minutos para decidir, forzando una firma urgente. Hoy, la técnica se ha sofisticado, pero el objetivo es el mismo. ¿Cuántas cosas hemos comprado sin pensar? ¿Cuántas se apilan en nuestras casas sin uso? Pero vayamos más allá: ¿Qué criterios usamos para decidir? ¿Cuánto tiempo real dedicamos a la reflexión antes de consumir? En cuanto nos dicen que «solo quedan tres y hay cola», el pensamiento se anula y la acción se vuelve inmediata.

Foto de Pharaoh Fontain

Es hora de recuperar nuestro tiempo. Es hora de decidir por qué hacemos lo que hacemos. Propongo un ejercicio de soberanía: dejemos el «disco duro» en un cajón, para almacenar datos ya tenemos a internet y a la IA, y recuperemos nuestra memoria RAM, nuestra capacidad de proceso.

Si aplicamos el pensamiento crítico al gasto en nuestros hogares, caminaremos directos hacia la soberanía económica. Una vez cambiados los procesos de gestión en lo cotidiano, tendremos la fortaleza necesaria para desmontar otros espacios de manipulación y engaño. Se trata, sencillamente, de recuperar los espacios que nos pertenecen por naturaleza.

«La soberanía económica empieza por un acto de rebeldía: dejar de obedecer al reloj ajeno para empezar a procesar el propio.»

Raúl Contreras

NITTÚA

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